ESCRITORES



La Guerra De Los Orichas





Autor: Luiza Lobo
Título: La Guerra De Los Orichas
Idiomas: esp
Tradutor: Dominica Diez(esp)
Data: 29/12/2004

LA GUERRA DE LOS ORICHAS


Luiza Lobo

Fue por pura casualidad que Xangô tropezó com aquel inmenso tablero en medio del monte. Machista y guerrero, se sintió provocado. ¿Qién organizó aquel tablero de esa forma, justo en su camino? No veía la harina de dendé, ni la botella de aguardente, ni los adornos de cinta de santín rojo. No veía los colores de su casa de santo, ni la espada en su homenaje. No encontró en su tablero los alimentos usuales: grageas, frijoles negros, harina de yuca, arroz de dendé, ni los usuales objetos de sacrificio: un carnero, una jicotea, un chivo, ni siquiera un gallo. Viró el tablero intrigado, vestido com su saya de cuadros rojos y blancos y su collar de cuentas de mismo color: no entendía. Aquello no era el opinafá conocido. Era un tablero de ajedrez, cuadriculado en blanco y negro. Xangô, el rey de los truenos, se puso rojo de rabia. Rugió y todo se oscureció. Lanzó rayos y truenos contra sus invisibles enemigos. Xangô había llegado al monte caminando tranquilamente, cual la imagen de su padre en la vejez, Oxalá, el oricha yoruba creado por los hombres. Pero le pisaron los callos, ¡Oh!, sí, y se disgustómucho com lo quese encontró. Y asumió la forma de su padre en la mocedad, joven guerrero lleno de vigor y nobleza, y cargó com los dolores de su pueblo sufrido y exiliado en el mayor éxodo de todos los tiempos. No era cuestión del tal segundo libro de la Biblia. Su pueblo sufrió mucho más. Transformado en el Gran Padre, Orixalá se golpeó el pecho, lanzando sus rayos y truenos como dardos. Pero no sucedió nada. El cielo se nubló. Pero no se sucedió nada. Ahí, el señor de las piedras rugió para sus adentros: “Kauô, Kabiesile”, y esperó a que algo se le ocurriera. No atinó sino a llamar a Ossana, el dios iracundo de las hojas curativas del monte. Ossana llegó com su saya de percal blanco, amarillo, marrón, y en la mano, el hierro de siete astas puntiagudas, com un pájaro en la del medio.
– “¡Eu, eu! ” –gritó com su habitual saludo. ¿Qué está pasando aquí, ¡oh gran rey de los montes!? –Vea, mi santo de las plantas curativas, mire qué tablero tan raro, donde no veo colocadas mis ofrendas predilectas, como de costumbre, en el monte.
– Pero…, ¿no está? Y yo no veo mi ossé anual: ni cabra, ni gallina, ni harina, frijoles, maíz com miel, tampoco el chivo, ni el gallo para el sacrificio. Pero, ¡qué peji más extraño, Dios mío! Voy a llamar a mi amigo Oxosse. Entonces llegó el día de la caza, el rey y el cabloco de los montes del clan de Ogum, jefe por la línea de los cablocos jefes de legión o falange. Sostenía su ofá. Era su símbolo, el fetiche de los orichas, el arco y la flecha de hierro, en miniatura, junto al otá. Se puso a analizar el grande y extraño tablero, dándole vueltas a su ancha faja de ojá en la mano, vestido com su saya estampada en azul y verde claro, sobre sus pantalones de encaje blanco. Estaban todos vestidos como para un día de fiesta, pero atraídos por un pedazo de madera en el suelo. ” ¡Okê, Okê, Arô!” –saludaran todos a Oxosse. ¿Qué es lo que está pasando aquí en el monte? –gritó Ogum. Voy a llamar a los cablocos, mis representantes –y con su danza imitaba la cacería. Entonces Oxosse, Rei de Ketu, Cabloco y Rei das Matas, invocó a sus Cablocos: –Vengan, mis guerreros-indios de piel cobriza, entidades indias que bajan a nuestro terreno, vengan com su piel bronceada de indio a ayudar su a padre. Vayan viniendo, jefes-guía de la línea de Oxosse, Cabloco-araribóia; y vengan Cabloco Arranca-Toco, entidad-guía y Cabloco-Arruda, y Cabloco Cobra-Coral y Cabloco Guiné y Cabloco Pena Branca, entidades-guía, en la línea de Oxosse; y vengan en la línea de Xangô; y Cabloco Malembá, entidad representante de Oxalá, vengan todos y desciendan en medio de este monte para decifrar este extraño tipo de otá. Y las entidades indígenas bajaron todas, com sus penachos de plumas, bailando alrededor de una calabaza cubierta com un encaje de cuentas de Santa María, usada como instrumento musical en los candomblés; y hablaron sus lenguas, mezcla de yoruba y tupi. Y entrecruzaron sus líneas, sus falanges y legiones; pero no atinaron a dar com el sentido de aquel cuadro de madera. Rodearon el tablero y entonaron los cantos rituales de cada oricha, e hicieron com yeso, (la pemba), los dibujos que simbolizan a los espíritus y los hacen descender a la casa de santo: punto de seguridad, punto de apertura, punto de llamada, punto de quema de hierbas aromáticas, punto dedescarga, hablando en su enrevesada lengua, mezcla de yoruba y tupi; pero no dieron com el sentido de aquella tabla cuadrada. Xangô se puso bravo. Rugió y el día se nubló, lanzó rayos y truenos, pero no descifró el sentido de la afronta. No sucedió nada. Los cablocos intercambiaron señas y decidieron llamar a los Petros Velhos, que están en el cuarto nivel de la jerarquía espiritual, inmediatamente a continuación de ellos para hacer magía blanca, deshacer la magía negra y resolver aquella compleja cuestión com su sabiduría simple de los antiguos esclavos purificados. Bajaron los Petros Velhos, jefes de falange de la Línea Africana y de la Línea Africana de Yorimá. Tres Petros Velhos de la Linha Africana bajaron y saludaron a las divinidades y a los cablocos. Al preguntarles qué era aquel tablero, dijeron:
– Eso es un opanifá diferente. No tiene la forma achatada de la bandeja, ni tiene esculpida en el borde la cara de Exu, entre otras figuras y señales simbólicas. Por esa debemos invocar a Exu.
– ¿Cómo a Exu? ¿Y a él no se le debía haber llamado primero? –argumentó un cabloco.
– Tal vez traiga un mensaje especial sobre este extraño objeto –completó el otro. Y llegó Exu, com su saya roja y negra, adornado com una ojá roja, el gorro y los caracoles, sus collares de cuentas rojas y negras alternando, y a la espera del sacrificio del gallo y el chivo prietos. Mas sólo encontró la extraña bandeja, el opinafá diferente. Exu miró desconfiado a toda aquella gente allí reunida, a todos aquellos dioses inmóviles debido a la rabia inicial de Xangô, y dijo así:
– ¡Esto es guerra! ¡Es guerra declarada! Tenemos que llamar a nuestro padre Ogum, el dios guerrero, del hierro y de la agricultura. Ogum llegó. El oricha yoruba, hijo de Iemanjá y de Oranhiã, llegó para resolver las demandas, vestido com su espada de metal plateado y su ídolo colocado en un plato, “la herramienta de Ogum”, un mazo de siete instrumentos de hierro usados para la labor, la guerra y la caza. Ogum llegó y gritó: “¡Ogunhê!”, buscando su gragea, su frijol de carita, el frijol negro, el ñame asado, y no los encontró; y no encontró ni señal de chivo, de gallo o de conquém. No sucedió nada. Entonces Ogum invocó al Exu Tranca Ruas, al Exu das Almas, que trabaja com todos los orichas y protege todas las vueltas de las casas de santo. Llegó un hombre de torso desnudo, piel cobriza, pies de chivo y orejas puntiagudas. Exu buscó algún trabajo dedicado a él en un cruce del camino, pero en el monte sólo había árboles, y fue dificil encontrar quién había puesto aquel “maleficio” allí, justo frente a Xangô, el rey de los Truenos. Ogum cambió impresiones com él. Entonces el Exu de Sete Cabeças, o Exu de Sete Covas, Exu de Sete-Capas, que trabaja para Oxalá, el gran dios; y el mensajero Exu de Sete-Catacumbas y de las Sete-Encruzilhadas y de las Sete Regiõs das Trevas, sugirió:
– Gente, vamos a abrir la sesión. Vamos a llamar a Ifá, el gran oricha de adivinación y del destino, gran mensajero de la luz, para que tire los caracoles y lea nuestro futuro. –Así, Exu exigió para si el sacrificio de un chivo prieto; y con la fuerza del sacrificio clamó para la presencia de Ifá. Enseguida llegó Ifá, acompañado por su babalao africano. Usaba el opelé y agarraba sus caracoles perforados para ver de que lado caía la suerte. Ifá se puso de pie solemnente, al lado de una palmera del monte, su arból sagrado, y miró al grupo com dieciséis ojos, como dieciséis son las cuentas de la gran adivinación. Cada combinación era acompañada por una historia sagrada, lo que ayudaba a interpretar los designios. El babalao o sacerdote de Ifá agarró las cuentas de su collar sagrado, el opelé de Ifá. Era un collar abierto de ocho medias nueces de palma. Unas veces lo agarraba por una punta terminada en nudo, que simbolizaba el lado masculino, y otras, por el outro extremo, com cuatro o cinco hijos de paja de la Costa, que representaba el lado femenino. Y el babalao, el sacerdote de Ifá, el gran oricha de la adivinación y del destino, el dios de los dieciséis ojos, dijo a los presentesque verían dibujarse en la paja, al lado, su destino, que se formaría en cada odu, o jugada por la forma que tomaran las cuentas de su opelé, o collar. Com una varita anotó en la arena, en su extraño tablero de madera, el opanifá, el número de cada una de las ocho jugadas sagradas del Ifá, para la adivinación del destino. Las cuentas de su opelé ifá cayeron en forma de U, com el lado abierto vuelto hacia él. El babalao iba anotando las cuatro combinaciones posibles de los odus, o jugadas, en un total de dieciséis combinaciones posibles. En aquella única jugada del opelé obtuvo las dieciséis combinaciones, pero no se sintió conforme. Hizo una nueva jugada ligada a la anterior y al mismo tiempo subordinada a ella, com la que obtuvo doscientas cincuenta y seis combinaciones. Intentó dieciséis combinaciones más com cada una de las nuevas jugadas subordinadas, lo que hacía unas cuatro mil noventa y seis combinaciones para preparar las respuestas de los orichas. Y cada odu o respuesta tenía su historia correspondiente, e iba anotando cada nuevo diseño según la caída de los odus en el tablero de madera, el opanifá. Y así contaba su historia en el opanifá. Pero esta vez el opanifá no era el tablero pequeõ de madera, donde aparecía la cara de Exu, sino el mismo tablero com cuadros blancos y negros que encontrara Xangô en el monte, en medio de su camino. Los Orichas, sentados al lado del babalao, sabían que algo muy grave pasaba com su destino; los días y las noches se sucedían, y las intensas lluvias alternaban com el sol, en el cielo. Todos sentados en torno del babalao, bajo la protección de Ifá, aguardaban el final de la recitación de la suerte, oyendo atentamente la lectura de las historias de cada Odu, o letra de Ifá, muchas de las cuales ya sabían de memoria. Y cuando el babalao, que era el jefe de la casa de santo, al final reveló el vaticino, la mayoría de las divinidades ya sabía que se trataba de una grande y sería guerra en la que se precisaría todas sus fuerzas para vencer.
– Esto es un tablero de ajedrez. Y fue puesto aquí en el monte como “brujería” para diezmar nuestro rito y nuestra raza. Debemos protegernos mucho de esse juego. Es un juego inventado por los blancos y fue colocado aquí para una partida de fuerza destructiva en contra de nuestra tierra africana y de nuestra fe en el candomblé. Xangô clamó por los truenos e invocó a las cataratas y a los rayos para la protección de la piedra que estaba cortando, destruyendo y exportando hacia los países de los blancos; Oxosse invocó a su ofá, el arco y la flecha unidos, de metal blanco, que simbolizava su poder como protetor de la caza en el monte espesso de Brasil, amenazado de extinción, el babalao preparó sus oferendas, con las sustancias blancas del poder engendrador masculino: la savia blanca de su semen, su saliva, su aliento, y echó alcohol, aguardiente y el zumo de la palmera sobre todo el tablero; inmediatamente echó agua pura, la sustancia blanca conductora de la fuerza engendradora femenina, el aché, sin el cual no hay ofrendas. Invocó a las lami, madres ancestrales que propician los misterios y calman el espíritu. Puso la ofrenda ahí, junto a las sustancias negras, que representan el oscuro sello de la materia engendradora, ligada al poder genital femenino y al elemento procreado. E invocó los objetos rituales a su disposición: las piedras, vasijas, instrumentos simbólicos e indumentarias que en aquella ceremonia eran hechas en los tres colores-símbolos del reino de la naturaleza: el blanco, masculino, el negro, femenino, y el rojo del dendê, de la sangre del chivo sacrificado, de la sangre menstrual femenina, del ossum, o polvo de azafrán y miel, del cobre y del bronce de los símbolos de cada oricha. Terminado el sacrificio, hecho sobre el extraño tablero, retumbó un gran trueno y apareció una figura inmensa, musculosa, com sandalias, con una túnica corta amarilla y capa; muy extraño.
– ¿Cuál es su origen, su línea de vibración? –le preguntó Xangó, el gran oricha, dios del Trueno. El extraño ser se sintió molesto por aquella pregunta. No compreendía bien la lengua, ni el sentido de las palabras del santo negro.
– ¿Es un iniciado?
– ¿Mi pregunta si soy homossexual?
– En fin, ¿Cuál es su oricha?
– No sé de qué hablan.
– Bien, entonces, ¿Quién colocó este tablero aquí en el monte, atravesando mi camino? –insiste Xangô, com su voz de bajo.
– Esa fue idea de Zeus, el rey de los Truenos.
– Debe haver alguna equivocación, porque el rey de los Rayos y de los Truenos soy yo –intervino Xangô.
– ¡Ah!, pero no es verdad.
– ¿Y quién eres tú para decirme lo que es y lo que no es verdad?
– Yo soy Teseo, y maté al Minotauro, monstruo con cuerpo de hombre y cabeza de toro, que vivia en un oscuro laberinto construido para el rey Minos II, en Creta. Si no hubiera sido por mí, hasta hoy doce muchachos y doce muchachas estarían siendo sacrificados cada año a este hombre-toro, en verdad, fruto de los amores ocultos de Pastifae y Minos II.
– ¿Estás seguro? –vociferó Oxalá Mira, ya yo viajé por todo el mundo y nunca oí hablar de esa tal gruta de Creta. Ni oí hablar de esse tal monstruo. Eso dbe de ser una historia muy antigua.
– Bien, es verdad.
– ¿Y, qué historia es esa del hijo com forma de toro? Eso no puede ser. ¿Usted nunca estudiaran biología?
– Bueno, nosotros, los griegos, amamos la fantasía, la reunión de todas las formas, animales y humanas: casamos cisnes con Zeus, nuestro rey de los Truenos, piedras con ríos, chivos y caballos con hombres, dotamos de alas a los caballos…
– Estoy encontrando toda esa conversación muy bonita, pero no me está gustando nada esa historia de a toda hora hablar de esse tal rey de los Truenos de ustedes. ¿No es posible que lo invoques de inmediato? –volvió a hablar Xangô. Teseo se encogió de hombros, pero no necesitó de ningún arte demagía para invocar a Zeus, porque este apareció enseguida, com su rostro astuto de dios mayor del Olimpo.
– ¿Me llamaron, hermanos? –Este viene com cara de politico experto –comentó Oxosse, dios de los montes, que se disgustaba por todas las sutilezas de las ciudades.
– Soy hijo de Cronos, el tiempo, y de Rea. Ya tomé todas las formas posiblaes para casarme con mis siete mujeres: lluvia de oro, para conquistar a dánae: sátiro, para alcanzar los amores de Antíope; cisne, para casarme con Leda –y tuvimos dos hijos cisnes, gemelos; toro blanco, para raptar a Europa; llama ígnea, para devorar a Egina.Para estabelecerme en el Olimpo, luché contra los Titanes, los Cíclopes, los Hacantonquiros, gigantes de trescientas manos, hijos de Urano con Gea, la Tierra; luché contra Prometeo y muchos otros. Por eso no tengo miedo de luchar contra ustedes, africanos. Fue por eso que coloqué aquí esse tablero.
– ¿Y qué tipo de opanifá es éste, que no conocemos? –preguntó, respirando profundamente, Ifá.
– ¿Cómo? No conozco esa palabra, pero ese tablero sirve para jugar ajedrez. Tenemos que mover la reina, el rey, los caballos, los peones, y los movimientos tienen que ser pensados, calculados racionalmente, hasta empurrar el rey o la reina o una trampa –esta situacción sin salida si llama échec et mat, es decir, vencido y abatido, pero el vulgo acostumbra a llamar “jaque mate”.
– ¿Y quien gana tiene que incorporarse, recibir la entidad, ser posuído por su oricha, como buen hijo de santo? –preguntó Oxosse.
– No sé nada de lo que el compañero está hablando: basta con acompañar intelectualmente el movimiento de el rey y de la reina…
– Mira, nosotros, los de la África, no tenemos ese negocio de colocar al rey y a la reina en una trampa, no. Andamos con ropas de paño, los pies en el suelo y comemos comidas sabrosas: ñame, frituras con mucho aceite de dendé, y la mesa puesta con mucho color y arte. Esos lujos cortesanos están fuera de la vida de nuestra tribu; somos pueblos del monte, amamos la tierra, la piedra, el agua, la lluvia y el sol. Creo que sería bueno hacer un iré, un ritual de iniciación, con este tal de Zeus, ¿no creen ustedes? Los dioses aprobaron con un movimiento de cabeza, mientras Zeus no disimulaba su ira.
– Vamos a llamar a Hércules. Hércules les dará una lección a estos negritos. Hércules llegó con las sandalias de cuero de chivo amarradas casi hasta los muslos. Su musculatura se mantería intacta, a pesar de los largos años de uso, y contrastaba con la cabeza microcéfala de los musculosos pero poco inteligentes.
– Entonces qué ¿vamos o no vamos? Si no quieren jugar alejedrez está bien, resolveremos este asunto por la fuerza, ¿no es así? Mi amigo Teseo y yo, que además vencimos, en nuestro gran viaje de argonautas, a unas mujeres guerreras, las amazonas, que tienen un solo pecho
– ¡Oh Teseo!, si ellas vivían en tierras por donde esos de ahí andan hoy en día, ¿no es verdad? –Pues estamos aquí para eso: para vencer en esta batalla, incluso a costa de nuestro propio Panteón.
– Sí, ustedes hablan muy complicado, llenos de efes y erres, con sus reyes y reinas. Lo que yo quiero saber es si ustedes saben hacer una mandinga bien hecha, si se saben defender de una buena pajelanca de umbanda, quimbanda, macumba, umbanda tracada. Aquí yo soy el mensajero de todas las fuerzas tenebrosas y de las profundidades de los cemeterios, y puedo hacer cualquier sortilegio en contra ustedes y de su tal ajedrez.
– Mira eso, Hércules, creo que tenemos que llamar a Hermes. Este dice que es mensajero. El único y mejor mensajero de todos los tiempos, es Hermes; él, sí, y es quien conduce las almas hasta el Hades, el reino de los muertos. Hermes llegó enseguida, volando por la fuerza de sus talarias o sandalias aladas, su petarius o capa con alas y el caduceo, la vara mágica con serpientes entrelazadas en la punta.
– Hermes –lo interpeló Zeus–, dé una lección de norma culta a esa gente de las casas de santo.
– Mi funcción es más bien de lleva y trae, ¿no es así, camaradas? Tal vez pudiéramos llamar a Prometeo, para poner una manita más humana en esto. Esta gente me parece medio sin cultura general, ceo que nunca oyeron hablar de ajedrez. ¿Ustedes no iban a jugar una partida de ajedrez fatal?
– Ese es el caso, pero tenemos problemas de comunicacción, lingüísticos y culturales. ¡Que venga Prometeo! –gritó Zeus, a pleno pulmón, muy irritado con todo, y ahora más, por tener que pedir auxilio a su originalmente archienemigo, el ladrón que robó el fuego de los dioses para entregarlo a los hombres. En verdad, él mismo los creó del barro, tambien les enseñó las plantas medicinales, el cultivo de la tierra y a domesticar caballos. En fin, un dios que a pesar de que finalmente se unió al Olimpo, siempre fue politicamente incorrecto; y que fue pintado por excelentes colores por todos los viajeros románticos: Shelley, Byron, Coleridge, Dante Gabriel Rossetti, hasta por Elizabeth Barrett Browning y un tal de Joaquim de Sousândrade.
– ¿Ya usted leyó a un tal de Sousândrade, nascido en Maranhão? –preguntó Zeus a Xangô, un tanto descortés.
– Nuestro pueblo no es de lecturas, Alteza. Como ya le dije y le repetí, nuestra actividad principal está más ligada a la tierra, a los elementos ligados a la naturaleza: el viento, la lluvia, el sol, la energía vital.
– Hum… economía de subsistencia –ridiculizó Zeus.
– Llámelo Vuestra Alteza de la forma que quiera. Pero es así como vinimos de África y hasta hoy vivimos en el corazón de africanos y brasileños. Y ustedes, ¿dónde están que no los veo?
– ¡Estamos en los libros escolares! –contestó de inmediato Hefestos o Vulcano, que surgiera rapidamente, como el fuego, a pesar de ser cojo. –Todos esos adornos que ustedes ostentan ahí, en su cintura, fueron hechos por mí, en mi taller, que está dentro de un volcán, en el corazón del monte Etna, en alianza con los Cíclopes, gigantes de un solo ojo. Nuestra fama atravesó el mar Mediterráneo y llegó hasta Sicilia, Roma, toda Italia, el norte de África, y hoy somos estudiados por toda la civilización occidental.
– Pero que tipejo más pretencioso –se entrometió Exu. Gran cosa esa de ir de Grecia a Roma, eso está inmediatamente allí al lado, en aquel mar pequeñito. Nosotros sí, nosotros que atravesamos el Gran Oceano Atlánctico y estamos vivos en la fe de las personas hasta hoy. Somos consultados, reverenciados, recibimos ofrendas y cultos provenientes de todas las líneas y tipos de fe, de todas las razas y clases sociales que habitan África y Brasil.
– Esa es la religión de gente pobre y subdesarollada.
– Eso es lo que dicen los cínicos protestantes, que tienen prejuicios raciales –rebatió Exu. Y Oxalá intervino.
– Crimen sin finanza en Brasil. Zeus se puso nervioso. Nada, además de la incontinencia sexual, lo dejaba más inquieto que una conversación vacía y larga. Los tics nerviosos se desataron. Refunfuñaba y se rascaba la entrepierna.
– Mire, no sabemos nada de su gente inculta ni de esas leyes de países bárbaros. Lo que importa es saber si ustedes van o no van a jugar ajedrez conmigo. Apolo o Helio ya va muy alto en su carro alado que ilumina el cielo. Él no puede descender hasta aquí, pues está transportando el día en su carruaje, de un lado para otro, pero desde allá arriba está acompañando nuestra guerra. Oxosse no se contuvo:
– Pero miren qué ignorancia, ellos que se dicen tan cultos y civilizados. ¡Un carro con allas trayendo el día! Es mucha falta de conocimiento científico.
– ¡Son imágenes poéticas!
– ¿Y qué es lo que ustedes hacen durante todo el día, además de iluminar el día y hacer poesía?
– Bien, nosotros, básicamente, amamos. Hacemos hijos híbridos y conquistamos siempre nuevos amores –dijo con despecho Zeus, rascándose la entrepierna.
– Pero qué civilización más egoísta –retomó Oxosse.
– ¿Y no tienen un pensamiento para la humanidad?
– ¡Oh, claro que sí! –Señores, él no leyó la Iliada y la Odisea, de Homero, ni la Eneida, de Virgilio. Está claro que en los grandes momentos épicos, nosotros intervenimos. Pero la mayor parte del tiempo estamos muy ocupados; comemos nuestros panales de miel, la ambrosía, nos deleitamos con el vino fresco del Olimpo…y nos defendemos de las acusaciones de adulterio, no faltaba más. La propia Diana, que es la diosa de la caza, se pasa el día cazando venados, pues no podrías privarse de unos de sus mayores placeres en su larga vida.
– ¡Pero eso es un escándalo! –intervino Exu. –Es por esa y otras razones por las que nació un Marx. La humanidad fue relegada al último escalón social por esa religión elitista de ustedes. Sólo importan ustedes, ustedes, y nada más que ustedes. ¡Y, además de eso, son inmorales y antiecológicos: cazan venados y otros animales silvestres, por puro placer! ¡Cuánta inutilidad!
– No veo lo que hay de malo en eso. ¡Es lo que se llama clasicismo! –dijo burión Zeus.
– ¿Clasicismo? ¡Eso es deísmo! ¡Es sociedad de clases, y hasta de castas! Ustedes viven en una sociedad cerrada y corporativa. No plantan, no protegen a las personas, no adivinan su futuro, no las aconsejan, no profundizan en sus destinos cuando están necesitadas… –habló Ossanha por primera vez.
– ¡Bueno, para eso pueden acudir al Oráculo de Delfos! ¡Es allá donde oirán las profecías que necesitan y en las que tanto creen! –dijo Zeus entre carcajadas de bon vivant.
– ¡Pero usted es un cínico, un desclasado social! –intervino Oxalá, con su voz tronante de dios principal. ¿En qué cree ese humanismo suyo?
– ¡Yo creo en el placer! Creo en la belleza, en la estética, en las curvas perfectas, en la medida áurea, en los templos bien construidos, y en la mens sana in corpore sano.
– ¡Pero la humanidad no es siempre así! La mayoría de las personas nace imperfecta, por dentro y por fuera, y necesita un rezo fuerte por parte de todos los dioses y orichas. Ustedes sólo se ocupan del lado de afuera, de la belleza exterior, y las almas que se jodan…
– ¡Ah!, eso del alma y la transmigración del alma ya es cosa del departamento de filosofía. Quien se ocupa de eso es Platón, que escribió varios diálogos, además, en otra persona, sin asumir nada, colocando esas palabras delirantes en boca de Sócrates. (Y asumiendo aires de intimidad, le echó el brazo por el hombro a Xangô). Oiga, amigo, puedo llamarlo así, ¿no? Le voy a confesar una cosa. No creo en nada de esas cosas de religión. Lo mío es el placer, la lujuria, la orgia, mujeres bonitas, mucha ambrosía, vino, carnero asado, cultos a Dionisos y a sus pproseciones pervesas, escapar de la persecución de Hera, que vive con unos celos locos de mí. En fin, vivir, aprovechar todo lo que nos proporciona nuestra existencia privilegiada de dioses del Olimpo, nuestro cielo.
– ¡Jaque-mate! Usted mismo se condenó, hermanito. ¡No cree ni en usted mismo! –gritó Xangô con los ojos inyectados de sangre.
– Es lo que da la cultura desconstruccionista que ustedes mismos lanzaron, hace ya tanto tiempo. Ustedes no pueden creer ni en sí mismos, de tan intelectuales que son! –gritó Exu-Rompe-Mato.
– Menos mal que para vencerlos en esta lucha pedí auxilio a mis hermanos Oxumaré, oricha del arcoiris, y Omolu u Obaluie, cuyo verdadero nombre no puedo pronunciar aquí, porque podría traer la viruela y demás enfermedades, pues son de la misma línea. ¡Lo vencía o dejaba de llamarme Oní! No sería Xangô yoruba nagô, dios del Rayo y el Trueno, hijo de Iemanjá y de Oranhiã, no sería Xangô Abomi, Xangô Afonjá, Xangô Agodó, Xangô Aira, Xangô Alfin, Xangô Alufá, Sango Cao, Xangô Dadá, Xangô de Ouro. Y en la medida en que iba refiriendo sus nombres, la fuerza de éstos iba exorcizando a los dioses blancos, que retrocedían amedrentados –y el tablero de ajedrez quedaba todo pisoteado.
– No necesitamos de ningún tablero de ajedrez para discutir nuestro poder con ustedes, porque tenemos nuestro opanifá de adivinación. E Ifá nos contó que ustedes vendrían, salidos de sus libros de mitología, para asustarnos. Pero nosotros no le tenemos a zumbis blancos, venidos de lenguas muertas y museos europeos. Ustedes tienen una religión muerta, una cultura que se convertió en turismo, y ni hablan ya su lengua, ni creen en la cultura griega clásica. Pero nosotros estamos aquí, vivos en la danza, en el canto y en culto del pueblo.
– “Kauô Kabiesile”, yo te saludo Xangô, rey de los Rayos y Truenos! –dijo Zeus y se fue lidereando la desbandada, inclinándose y saludando a Xangô, rey de los Rayos y Truenos, con muchos deseos de salvar su pellejo. Y fue así que terminó la Guerra de los Orichas. El sacerdote de Ifá contó después que, desde entonces, los niños brasileños no estudiaron más mitología griega. Prefieren ver televisión todo el tiempo. Pero el dí de Año Nuevo, van a encender sus velas en la playa para Oxumaré. Y todo es divulgado por las pantallas de televisión para el mundo entero, entre fuegos artificiales y shows de roquero, después explican, simplificando el sentido de las velas, del tabaco, del aguardiente, y de los puntos rayados en las arenas de Copacabana.

________
Notas de la Autora, Traducidas:

Opanifá Tablero pequeño, de madera, de formas variadas: circular, semicircular o rectangular, con un borde achatado y ancho, ligeramente elevado, tallado con figuras y senãles simbólicas. En esa especie de bandeja se marca, sobre un polvo especial, con el dedo, por el babalao o jefe de la Casa de Santo, el odu, o resultado de una jugada de la suerte, que sale en el lanzamiento de Ifá.
Ossé Ofrenda
Pejí Altar
Ofá El símbolo. Ofetiche de los orichas, el arco y la flecha de hierro, en miniatura, que en ese caso, representa a Ogum.
Otá Piedra de monte, la piedra de santo o piedra negra de salto de agua, donde se fija, en un ritual especial, la fuerza mística del oricha, que constituyye el “asentamiento” principal del dios. Cada dios (oricha) tiene su propia otá piedra del río, de mar, de monte, de mineral de hierro, de mármol, meteorito, etc., la que puede ser clara o oscura, lisa o rugosa, según el carácter de cada cual.
Ojá Faja usada por las entidades como cinto.
Demanda Desentendimiento, litigio, lucha entre orichas y entre personas o Casas de Santo, en la que Ogum es tenido como protector y como quien resuelve dichos conflictos.
Conquém Perro, en África.
Ifá Gran oricha de adivinación y del destino. Mensajero de la luz de Orumilá (uno de los títuços de dios supremo), mientras Exu es el mensajero de las tinieblas. Su sacerdote es el babalao que usa el opelé (collar) o cocos de dendé, en el pasado, o, actualmente, caracoles para recibir la respuesta del oráculo.
Opelé Especie de collas abierto o cadena, usado para la adivinación, formado por ocho media nueces de dendé o caracoles con el fondo cortado, unidos por eslabones de metal o trenza de paja de la Costa. Su uso es privilegio exclusivo del sacerdote de Ifá.
Mandinga Hechizo, en quimbundo. Plaga, encantamiento.
Pajelanca Rituales indígenas mezclados con influencias espíritas y católicas. Culto originalmente popular en la Amazona y Piauí, al que se unieron influencia africanas, que invoca a los “encantados”, espíritus de la naturaleza que viven en los ríos, fuentes, montes, con la finalidadde cura mágica. En el ritual, se usa sólo una especie de marcas adornadas con plumas.
Tracado Culto de Casa de Santo que usa más de un tipo de ritual, generalmenteumbanda, con rituales e indumentaria del nagô, de Angola, entre otras.

Fonte: Cuento publicado in: Revolución y Cultura, La Havana, Cuba, nº 4, julio-agosto de 2000: p. 40-44. Traducido por Dominica Diez. Extrahído del libro de cuentos: Estranha aparição. Rio de Janeiro, Rocco, 2000. p. 129-49.



Voltar ao topo